Contexto · Territorio y color

Colombia como punto de partida.

La obra de Claudia Velásquez nace en diálogo con los paisajes colombianos: montañas, selvas, mares y ciudades atravesadas por una luz muy particular.

Más que representar literalmente estos lugares, su pintura trabaja con las atmósferas, los colores y las memorias que se quedan en el cuerpo después de haberlos habitado.

Cordillera de los Andes Amazonas y selvas Caribe y Pacífico

Colombia · Andes, selvas, ríos y dos océanos.

Paisaje, luz y territorio

Colombia es un país atravesado por tres cordilleras, con cambios de altura muy marcados en distancias cortas. Esa variación se traduce en luces distintas, nieblas, cielos altos y verdes que cambian de tono de una región a otra.

En la pintura de Claudia, estos paisajes aparecen como capas de color más que como vistas reconocibles: fragmentos de montaña, horizontes sugeridos, líneas que recuerdan caminos y vegetación que se insinúa entre veladuras.

El territorio no se entiende solo como geografía, sino como lugar vivido: recorridos cotidianos, viajes entre ciudades, trayectos repetidos que dejan marcas en la memoria visual.

Biodiversidad y color

Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Esa variedad de aves, plantas, aguas y climas se refleja en una paleta amplia: azules profundos, verdes intensos, naranjas y amarillos que aparecen al amanecer o al atardecer.

En las series de la artista, las aves y el follaje funcionan casi como señales de esa diversidad. No son ilustraciones científicas, sino presencias que recuerdan la densidad de la vida en estos territorios.

Trabajar con esta diversidad implica también elegir qué dejar fuera: simplificar formas, reducir detalles, concentrarse en unas pocas relaciones de color que sostengan la imagen.

Atmósferas y paisajes

Imágenes de referencia del paisaje colombiano: cordillera, selva, ríos, mares.

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